«La forma de alimentación exige el primer esfuerzo de adaptación y determina la táctica de una conquista y los resultados de la misma», afirma Agustín Remesal en un libro que habla de comida, de política y de viajes. 'Un banquete para los Dioses', que vio su primera edición en 1992, revive con más información y sobre todo, con 300 grabados que son «las imágenes que del Nuevo Mundo tuvieron los habitantes cultos del Viejo en el XVII».
Saber qué comieron los conquistadores españoles cuando llegaron a América fue el origen de este libro y de la travesía gastronómica de Remesal por la América del XVI. «El almirante Colón era un gran comunicador y propagandista. Dio una imagen de abundancia, riqueza y disponibilidad que distaba mucho de los territorios vacíos que describe Cabeza de Vaca tras cruzar Nuevo México y Arizona», explica el periodista. Así que la decepción fue la nota dominante cuando los marineros arribaban. El maguey, el árbol de las maravillas que daba miel, agua, vino, maná..., no existía. «En cuanto a la alimentación se movían por el imaginario. Querían comer allí lo mismo que en su tierr: jamón, garbanzos, ternera y vino. Como no lo había, buscan lo que se parece, no tienen ninguna inclinación exótica. Si no hay pan, lo más similar es la tortita de maíz. Es verdad que gente como Cortés o Pizarro se sientan en la mesa de los líderes y acceden a la cocina de más alto standing del lugar, que también la había».
Vinos de Nazca
Entre las lonjas americanas del XVI destaca la azteca, la de Tlatelolco. «Estaba llena de todo tipo de carnes, desde pajaritos a serpientes, cerdos o pavos de muy distintos colores, verduras de todas las clases, flores que se usaban en la comida, y los aztecas tenían una cocina muy elaborada», cuenta el escritor zamorano.
Aunque Colón llevó majuelos, el Caribe no reunía las condiciones necesarias para que prosperaran. Sin embargo, unos miles de kilómetros al sur la humedad y el calor perdían intensidad y hacían posible el cultivo de viñas.
Remesal cuenta varias anécdotas relativas sobre los primeros bodegueros del Nuevo Mundo. «Uno de los cronistas llega a justificar la ausencia de alma en los indios porque Dios no puso allí viñas y por tanto no se podía celebrar la misa. Luego hay otra historia del robo de los majuelos. El primer vino que se produjo en América fue chileno, cerca de Antofagasta. Y el productor confesó que fue él el ladrón y para penar su culpa enviaba cada año a una parroquia de Lima suficiente vino para que oficiaran todo el año». Antes del vino, el alcohol que se consumía era fermentación de pulque (apenas cuatro grados), de maíz y de patata (30º).
El primer cartel de coca
Otro fenómeno curioso fue el de la coca y el tabaco. «El primer cartel de coca del mundo lo montó la Iglesia y los nobles de Lima para surtir de coca el mercado de Potosí, que si el oro produjo fiebre, la plata, locura. Con la anuencia y la legislación promulgada por Felipe II se determinó qué tierras podían ser dedicadas al cultivo de coca».
Los medinenses Bernal Díaz del Castillo y José de Acosta son dos de las fuentes recurrentes de Remesal. «Soy forofo de Bernal, es un tipo que se va con Cortés a los 18 años y lo aprende todo allí y tiene un continuo ascenso. Cuando Cortés vuelve y consigue para él, que estaba en Antigua, Guatemala, poder y honores, él se propone hacer una crónica porque no estaba de acuerdo con la de Acosta -que se metía con su valedor-. Bernal tiene una sensibilidad innata como cronista que demuestra en sus descripciones. Acosta es más científico», dice quien ha pasado seis meses navegando digital y físicamente para encontrar los 300 grabados con los que se ilustra esta segunda edición de Alianza. La adaptación fisiológica de los estómagos de los conquistadores al pobre menú americano, la incidencia de este fenómeno en el devenir político, el salto de muchos de los productos del Nuevo Mundo a Europa -la quinoa fue el cereal que no logró adaptarse-, son otros de los aspectos que aborda el libro. Lonjas y mercados, los aspectos lúdicos y los medicinales en la mesa, el intercambio comercial y la antropofagia completan la obra.
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